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Nombre | Gabby |
Apellido | Anderson |
Edad | 19 años |
Cumpleaños | 12 de Junio |
Género | Futanari |
Nacionalidad | Noruega |
Ocupación | Estudiante |
Altura | 154 cm |
Peso | 48 kg |
Polla | 24 cm |
Historia
Gabrielle y Abigail Anderson, apodadas cariñosamente como Gabby y Abby, nacieron en Bergen, una pequeña ciudad en Noruega. Desde su nacimiento, las gemelas rompieron todos los esquemas sociales y desafiaron las expectativas de quienes las rodeaban, ya que ambas nacieron como futanaris, una condición extremadamente rara. En una sociedad donde la diversidad ya es vista con cautela, el hecho de que dos gemelas compartieran esta particularidad las convirtió en una sensación mediática inesperada. Aunque la idea de tener una hija futanari ya resultaba desconcertante para muchos, el hecho de tener a dos niñas con esa misma condición resultaba casi un fenómeno, algo que rápidamente captó la atención de los medios.
Desde el principio, la familia Anderson se vio envuelta en una vorágine mediática, con los periodistas llamando sin cesar a su puerta, buscando entrevistar a la madre de las gemelas, ansiosos por escuchar su historia. Todos querían conocer a la mujer que había dado a luz a dos niñas consideradas “raras”. La palabra "raras" fue suficiente para que la madre de Abby y Gabby decidiera no revelar nada sobre sus hijas, sintiendo que los medios solo buscaban explotarlas y reducirlas a un simple espectáculo.
Mientras la madre de las gemelas se afanaba por darles una infancia lo más normal posible, llevándolas al colegio y tratándolas con el mismo cariño y apoyo que cualquier otra madre, su padre tenía una perspectiva completamente diferente. Las dificultades económicas comenzaron a pesar sobre la familia, pues criar a dos hijas con necesidades tan especiales resultaba una carga considerable. El padre, viendo en la rareza de sus hijas una oportunidad para escapar de sus problemas financieros, empezó a tomar decisiones que se alejaban cada vez más de lo que su esposa había imaginado para su familia. La idea de convertir a sus hijas en un fenómeno mediático, explotando su condición para ganar dinero, se fue apoderando de él. A pesar de las objeciones de su esposa, el padre comenzó a utilizar a las gemelas como una especie de "atracción", queriendo que fueran el centro de atención, sin medir las repercusiones emocionales que ello podría tener en ellas.
Una noche, mientras la madre y las gemelas ya adolescentes estaban sentadas viendo televisión en casa, se encontraron con un reportaje que hizo que todo se viniera abajo. En la pantalla apareció su marido, hablando abiertamente sobre lo que era vivir con dos hijas futanaris. Al principio, el reportaje parecía inofensivo, pero pronto las palabras del padre comenzaron a calar hondo. En un tono casi despectivo, mostró fotografías de las gemelas en su adolescencia, con una sonrisa forzada, y no dudó en soltar comentarios completamente humillantes. "Vivir con dos hijas que tienen más polla que yo es una experiencia que nunca pensé que podría enfrentar", decía, riendo nerviosamente. "Es una constante recordatoria de lo que no pude ser y de lo que ellas son. La verdad, a veces me siento como si fuera invisible comparado con ellas."
Las gemelas, sentadas junto a su madre, miraban la pantalla sin comprender del todo la magnitud de lo que estaba pasando, pero la madre entendió enseguida. El reportaje continuó con más comentarios llenos de humillación: "No puedo evitar sentir que mis hijas son más hombres que yo. La diferencia es tan grande que a veces me da vergüenza". En ese instante, el rostro de la madre se tornó pálido, y un nudo se formó en su estómago. Las palabras de su esposo no solo eran crueles, sino también profundamente hirientes para sus hijas.
A medida que el reportaje avanzaba, el padre continuaba descalificando, sin mostrar ni un atisbo de arrepentimiento: "Es como vivir con un par de chicas que me superan en todo. Incluso en lo que más me duele. Mis hijas me hacen sentir pequeño, incapaz. A veces, ni siquiera quiero mirarlas, porque me recuerda lo que soy: un hombre eclipsado por ellas". Las palabras se clavaron como puñales en el corazón de la madre, y fue en ese momento cuando comprendió que su matrimonio ya no tenía solución.
Esa misma noche, cuando las gemelas dormían ajenas a la tormenta que se desataba en su casa, los padres tuvieron una discusión feroz. La madre, completamente devastada por lo que había oído, confrontó a su marido. Le exigió una explicación, pero él, lejos de mostrarse arrepentido, continuó justificando su comportamiento. "Lo dije porque es la verdad", argumentó. "Mis hijas son un recordatorio constante de lo que nunca seré".
Aquella noche, el ambiente en la casa se tornó insostenible. La madre, con el corazón roto y una furia contenida, le pidió el divorcio. No solo por la humillación que había sufrido ella, sino por el daño que su esposo había causado a sus hijas. Las gemelas no sabían lo que había ocurrido, pero la madre les explicó que tomaría la decisión de separarse, buscando darles una vida lejos de esa constante fuente de dolor.
Los meses que siguieron estuvieron llenos de caos, mientras los trámites del divorcio se resolvían. Las gemelas, aunque jóvenes, comprendieron la gravedad de la situación y decidieron apoyar a su madre incondicionalmente. Sabían que, a pesar de todo el sufrimiento, era lo mejor para su bienestar. Cuando finalmente se firmaron los papeles, la madre hizo una elección crucial: alejar a sus hijas de todo lo que las había rodeado en Noruega, y más aún, de los constantes focos mediáticos que las seguían. Decidió mudarse al Reino Unido, donde las gemelas terminaron sus estudios de secundaria en un ambiente más tranquilo. Allí, dominaron el inglés rápidamente y obtuvieron calificaciones excelentes, pero no se conformaron con eso. Con el paso del tiempo, sabían que necesitaban un cambio más grande.
Tras completar sus estudios, las gemelas y su madre, llenas de determinación, decidieron mudarse aún más lejos, cruzando el charco hacia Rockfield, un pequeño pueblo donde la universidad local les ofreció una oportunidad para empezar de nuevo. En este nuevo capítulo, querían dejar atrás el pasado y enfocarse en su futuro prometedor. La universidad representaba una puerta abierta a nuevas oportunidades, y con el tiempo, las gemelas demostraron que podían superar cualquier obstáculo, incluso los comentarios crueles y humillantes de su propio padre.