Datos
Nombre Kelly
Apellido Whigham
Edad 25 años
Cumpleaños 8 de Marzo
Género Futanari
Nacionalidad Escocesa
Ocupación Artista
Altura 176 cm
Peso 63 kg
Polla 32 cm

Historia

Kelly Whigham fue abandonada al nacer, y su infancia transcurrió entre las frías paredes del sistema de acogida de Escocia. Desde sus primeros recuerdos, el hogar residencial donde fue depositada se convirtió en su mundo. A pesar de la presencia de otros huérfanos, ella nunca logró encontrar un sentido de pertenencia. Los niños la llamaban “bicho raro” debido a su condición de futanari, una identidad que, para muchos de ellos, era difícil de comprender. Sus compañeros la señalaban con cruel indiferencia, y los adultos, lejos de ofrecer consuelo o protección, mostraban una indiferencia aún mayor. Kelly pasó sus años de infancia marcada por la soledad y la incomprensión.

La única pequeña escapatoria que encontraba era en la sala de juegos del hogar, un lugar donde, a pesar de la carencia de amor, encontraba consuelo. Aunque el espacio estaba lleno de una gran variedad de juegos de mesa, puzles y juguetes para niños de todas las edades, Kelly tenía un interés particular por los lápices de colores. De alguna manera, aquellos simples instrumentos le ofrecían algo que las palabras y las sonrisas de los demás nunca pudieron brindarle: la posibilidad de crear su propio mundo.

A los 9 años, la curiosidad se convirtió en una fuerza arrolladora en Kelly. Un día, aprovechando un descuido de los empleados, se coló en el despacho del director del hogar y, entre documentos y papeles, encontró su expediente. Con el corazón acelerado, empezó a leer. Lo que descubrió la dejó sin palabras. Su madre, según el expediente, era una prostituta y su padre biológico no estaba registrado. Pero lo que realmente la sorprendió fue una anotación que mencionaba que su madre tenía una pareja futanari, igual que Kelly. Durante años, no comprendió completamente lo que significaba eso, ni lo extraño que era que una mujer pudiera concebir a través de una futanari. Solo más tarde entendería que ella misma era única en su tipo, una entre un millón.

Finalmente, a los 14 años, Kelly fue adoptada por una pareja amable pero desapasionada. Eran personas correctas, que cumplían con sus responsabilidades, pero sus vidas estaban demasiado ocupadas y su visión del mundo, demasiado limitada, para comprender el profundo deseo de Kelly de encontrar su verdadera identidad. Fue entonces cuando la pasión por el arte se convirtió en su principal refugio. A medida que crecía, la joven dedicaba horas y horas a perfeccionar sus habilidades, principalmente en el dibujo. Para mejorar la anatomía de sus obras, y de alguna manera comprender mejor su cuerpo y su identidad, Kelly pasaba largas sesiones encerrada en su habitación, observándose desnuda en el espejo mientras se dibujaba a sí misma.

A los 17 años, un día de otoño, Kelly olvidó cerrar la puerta de su habitación mientras se encontraba inmersa en una de sus sesiones más profundas de autorretrato. Cuando su madre entró sin previo aviso, Kelly experimentó una mezcla de miedo y vergüenza. Esperaba gritos, reproches, tal vez incluso una mirada de desaprobación. Pero lo que vio fue muy diferente: su madre, en lugar de enfurecerse, se quedó allí, estupefacta al ver el tamaño de su polla, sin poder articular palabra. No hubo gritos ni reproches. La incredulidad en el rostro de su madre dejó a Kelly sin saber qué pensar. Ese momento, cargado de silencio, despertó algo en Kelly, algo profundo y poderoso, algo que no sabía que estaba buscando. En ese instante, entendió que lo que para ella era natural no lo era para los demás. Pero también entendió que su arte, y su búsqueda de identidad, podían ser el camino para reconciliarse con sí misma.

A partir de ese momento, sus sesiones de dibujo se volvieron más intensas. Cada trazo se convertía en un acto de autodescubrimiento, y Kelly comenzó a explorar aspectos de sí misma que antes había temido enfrentar. Muchas de esas largas horas frente al espejo terminaban con Kelly masturbándose con sus propias obras. A través de sus autorretratos, Kelly encontraba una forma de expresar lo que sentía, lo que deseaba ser.

Cuando terminó sus estudios universitarios, Kelly empezó a trabajar como artista en Glasgow. Aunque disfrutaba de un éxito moderado, sentía que aún no había alcanzado su verdadero potencial. Fue entonces cuando, después de un tiempo publicando algunos de sus autorretratos desnuda en redes sociales, recibió un correo electrónico que cambiaría su vida. El mensaje era una propuesta intrigante: una oferta que parecía demasiado buena para ser cierta. Todo lo que debía hacer era mudarse a un lugar llamado Rockfield.