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Nombre | Roxana |
Apellido | Levi |
Edad | 24 años |
Cumpleaños | 14 de Febrero |
Género | Mujer |
Nacionalidad | Israelí |
Ocupación | - |
Altura | 173 cm |
Peso | 65 kg |
Historia
Roxana Levi nació en Tel Aviv, la capital de Israel, en el seno de una familia adinerada que le proporcionó todas las comodidades posibles. A pesar de vivir en un país marcado por conflictos culturales y territoriales, su vida transcurrió con una aparente normalidad dentro de una burbuja de privilegios. Su madre, una mujer afectuosa y dedicada, se encargó de criarla con amor y esmero, asegurándose de que recibiera la mejor educación en las academias más prestigiosas del país. Su padre, un exitoso hombre de negocios, era una presencia más bien distante, demasiado ocupado asegurando la estabilidad económica de la familia. Aunque su ausencia era notable, nunca le faltó nada material a Roxana.
Desde pequeña, Roxana mostró una gran inteligencia y una personalidad extrovertida que le permitió hacer amigos con facilidad. Sin embargo, entre todos sus compañeros, hubo una amistad que destacó por encima de las demás: la que compartía con Shahaf, una niña de su misma edad con la que estableció un vínculo inmediato. Ambas eran inseparables, pasando juntos cada recreo, cada tarde libre y cada fin de semana. Se ayudaban mutuamente con las tareas de la escuela y, tras terminarlas, pasaban horas jugando, explorando la ciudad y compartiendo secretos.
A pesar de la cercanía que tenían, Roxana no tardó en notar que su amiga tenía ciertas peculiaridades. Shahaf era especialmente reservada cuando se trataba de cambiarse de ropa frente a otras personas, evitando incluso las duchas después de las clases de gimnasia. Aunque Roxana notó su incomodidad en varias ocasiones, jamás insistió ni sospechó que hubiera algo fuera de lo común.
Sin embargo, cuando ambas llegaron a la pubertad y entraron en el instituto, las diferencias entre ellas se hicieron cada vez más evidentes. Roxana, segura de sí misma, no temía vestir ropa que resaltara su atractivo cuerpo en desarrollo. Disfrutaba de la atención y halagos que recibía, consciente de que su físico despertaba interés. Por otro lado, Shahaf comenzó a vestirse con ropa cada vez más holgada, ocultando su figura bajo capas de tela que parecían diseñadas para desaparecer en el entorno.
Preocupada por el cambio en su amiga, Roxana decidió hablar con ella. Al principio, Shahaf insistió en que simplemente se sentía insegura sobre su cuerpo, una respuesta que Roxana aceptó pero que no terminó de convencerla. A lo largo de los meses, con paciencia y apoyo, Roxana intentó fortalecer la confianza de su amiga, animándola a sentirse cómoda con su apariencia.
Finalmente, tras mucho esfuerzo, Shahaf se atrevió a vestir con ropa más ajustada, pero el cambio reveló algo inesperado. Una tarde, mientras estaban juntas en la casa de Roxana, esta no pudo evitar notar un abultamiento en la entrepierna de su amiga, algo demasiado prominente para pasar desapercibido. La sorpresa fue instantánea, pero lo que más impactó a Roxana no fue el descubrimiento en sí, sino el miedo en los ojos de Shahaf, como si temiera que aquel secreto destruyera su amistad.
Fue entonces cuando Shahaf confesó la verdad: era futanari. Durante toda su vida, había escondido su cuerpo por temor al rechazo y a las consecuencias que aquello podría traerle en su sociedad. Para Roxana, la revelación no cambió nada. Lejos de sentir incomodidad, aceptó a su amiga con orgullo y reafirmó su amistad sin reservas. Pero lo que para Roxana no era más que una característica más de su mejor amiga, para el resto de la sociedad israelí era algo inaceptable.
Las cosas no tardaron en tomar un giro oscuro. Poco después de atreverse a vestir a su manera con orgullo, Shahaf desapareció sin dejar rastro. Al principio, Roxana pensó que su amiga simplemente había faltado a clase, pero los días pasaron y no hubo noticias de ella. Angustiada, trató de contactar con su familia, pero no recibió respuestas.
La verdad la golpeó como un puñetazo en el estómago cuando, tras investigar por su cuenta, descubrió que Shahaf había sido reclutada a la fuerza por el ejército y enviada al frente de batalla en Gaza. No por sus méritos ni por decisión propia, sino como castigo. Ser futanari la convirtió en una paria a los ojos del gobierno, quien la envió directamente a una muerte segura.
La impotencia y la rabia que sintió Roxana en ese momento fueron abrumadoras. Su mundo se tambaleó y la burbuja en la que había crecido estalló de golpe. Su país, el mismo que la había criado entre lujos y comodidades, había condenado a su mejor amiga simplemente por ser diferente.
Decidida a no quedarse en silencio, Roxana utilizó su creciente influencia en redes sociales para denunciar lo sucedido. Publicó mensajes en contra del conflicto armado, revelando la discriminación y las injusticias del sistema. Sus palabras encontraron eco en personas de otros países, donde recibió apoyo y admiración. Sin embargo, en Israel, la respuesta fue completamente distinta. Sus publicaciones provocaron la ira de las autoridades y, poco a poco, comenzaron a cerrarle puertas.
Cuando llegó el momento de postularse a la universidad, recibió el golpe final: ninguna institución en Israel quiso aceptarla. Sus ideales la habían convertido en una persona indeseable, y su futuro académico en su propio país se volvió imposible.
Sus padres, desesperados por la situación, tomaron una decisión difícil. Aunque nunca estuvieron de acuerdo con la postura radical de su hija, no podían permitir que su futuro se desmoronara. Su madre comenzó a enviar el historial académico de su hija a varias universidades en Estados Unidos y, tras varios intentos, Roxana fue aceptada en una academia en un pequeño pueblo llamado Rockfield. Aunque no era una entrada directa, allí Roxana tendría la oportunidad de empezar de nuevo, de estudiar en una universidad y quizás encontrar un camino diferente.
Con el corazón roto y la mente llena de incertidumbre, Roxana aceptó la decisión de sus padres. Con su billete en mano y una maleta llena de recuerdos, partió hacia un destino desconocido. Lo que aún no sabía era que su llegada a Rockfield marcaría el inicio de un capítulo completamente nuevo en su vida. Un capítulo que la llevaría por caminos inesperados, en una historia de lucha, descubrimiento y cambio.